Decálogo para disfrutar de unas buenas vacaciones en familia aunque no se lo crea

Sí, son vacaciones, pero con matices. No vamos al trabajo, pero para el común de los mortales (y sobre todo, las mortales) las obligaciones en el periodo vacacional se multiplican. Se cambia de paisaje, pero también de cocina y lavadora. Excepto los solteros sin compromiso y los que se pueden costear el que se lo den todo todo hecho (o el todo incluido), en vacaciones nos olvidamos del trabajo remunerado (el que lo tenga) y sus exigencias, pero nos caen, y no del cielo, otras.

Los hijos, las abuelas, los sobrinos, el cuñado, el perro y hasta el canario conviviendo intensamente las 24 horas del día mientras se pasa la fregona, se hacen los baños, se hace la compra, se cocina y se recoge. ¿Quién dijo vacaciones? Cómo hacer de nuestras merecidas vacaciones un auténtico disfrute y no morir en el intento porque ya sabe lo que dice el refrán: “De la familia y del sol, cuánto más lejos mejor”.

Enrique García Huete, director de Quality Psicólogos, especialista en Psicología Clínica y autor, entre otros libros, de “El arte de relacionarse” elabora, a vuelapluma, un decálogo para meter en nuestra maleta. Más por viejo que por diablo, Huete sabe de lo que habla. Termina la conversación con EL MUNDO para partir rumbo a Ibiza con cinco hijos, de entre once y veintitantos años. Uno de su actual pareja y el resto de sus dos ex.

DECÁLOGO VACACIONAL

  1. PLANIFICAR EL VIAJE.- Antes de partir, pensemos en el viaje. No sólo cómo voy a hacer el traslado (en avión, coche, tren o barco). Que cada uno elabore su lista de pertenencias a llevar. El equipaje ha de estar hecho el día anterior y la documentación que se precise también revisada (pasaporte, visados, DNI). Más importante que esta planificación material es la espiritual. Pensemos en los conflictos que sabemos seguro que van a surgir porque aunque estemos de vacaciones somos como somos. Cada uno de su madre y de su padre. Y ya sabemos cómo es Paco.
  2. EL VIAJE EN SÍ.- Por ejemplo, si tenemos por delante cinco horas de coche elijamos la música que satisfaga a todos los viajeros y no sean cinco horas de martirio. No cinco horas de heavy metal pero tampoco cinco de rancheras. Turnarse el asiento, en las paradas, para disfrutar de ventanilla o esquivar al sol. Si viajas en avión o tren, y tienes otras tantas horas y no aguantas todo el trayecto sentado, escoge pasillo y, sobre todo, si sabes que tu compañero va a caer en un profundo sueño. Piensa en un entretenimiento. Si viajas con niños pequeños, piensa en cómo distraerlos. Lo peor es viajar con un pequeño que patalea el respaldo de tu asiento durante el transcurso del viaje.
  3. LA LLEGADA Si es a una casa habitual o familiar, la acomodación es más fácil. Se conoce el terreno y sabes ya que te vas a encontrar. Si no se ha podido poner a punto antes, distribución de tareas (sobran y hay para TODOS) y hacer la compra general para poder desentenderse de lo no perecedero en los siguientes días. Si has alquilado y no conoces la casa o el apartamento, y es su primera vez, tira del buen humor. Risas ante el chasco del “no era esto lo que yo buscaba” si no se puede remediar. Si has de reclamar, hazlo en el minuto uno para poder solucionarlo antes de que esté de vuelta. Si vas a un cámping, seamos muy ordenaditos (también vale para el apartamento si es pequeño). Como es obvio, el hotel evita toda logística e intendencia pero requiere de mucha educación y respeto hacia el otro. También vale, claro, en el cámping; bueno, y en general, en la vida, incluso en vacaciones aunque éstas permitan un relajamiento en las formas y maneras.
  4. RUTINAS POSITIVAS El orden y la rutina ayudan a la convivencia aunque estemos de vacaciones. Establecer, por ejemplo, los horarios de playa y/o piscina, o charca, o pantano o río, de comidas, siesta, echar un parchís o un mus, ir a los columpios o a los caballitos o a salir a tomar un helado, la compra si no estás en un hotel, fijar los horarios de los adolescentes y de esos seres que viven de noche y duermen de día… Y reparto de tareas. Responsabilidades para TODOS adecuadas a la edad de cada uno. Planificación de excursiones, visitas culturales (aquí habrá que prevenir cierta resistencia) o de ocio.
  5. ACTIVIDADES CONJUNTAS Y POR SEPARADO Con los pequeños, casi siempre serán actividades conjuntas. Aprovechar de los servicios de kanguro o guardería que ofrecen los hoteles vacacionales para familias. Buscar espacios y ratos para uno solo o/y sólo en pareja (“hoy salimos nosotros solos”) si hay niños de por medio. Si no hay hotel que lo remedie, buscar alternativas. Hoy invitamos a tu amiguito pero pasado mañana el invitado es tu niño. Si se puede, tirar de la abuela o el cuñado o incluso del hermano mayor (que haga ese esfuerzo) o el mayor de los primos o de una persona de confianza.
  6. ESPÍRITU LÚDICO.- Vamos a intentar disfrutar y divertirnos. Vacunar los conflictos (los que ya teníamos descontados). Si sabemos que, por ejemplo, los cuñados se pelean porque están en las antípodas en política o por el fútbol, por ejemplo, hablemos de pájaros y flores. O sea, evitemos esa conversación que ya sabemos que va a acabar mal. Vamos a intentar utilizar el humor. Inoculación del estrés. Atentos al que no madruga y estropea los planes conjuntos, al que se escaquea por sistema y no da palo al agua (el que ignora los bártulos de la playa o que el papel higiénico no se reproduce por si mismo o el que no recarga los cubitos de hielo), estar al tanto de los problemas del pasado que no se han solucionado porque, no nos engañemos, también salen de vacaciones y se van a repetir. El conflicto no cambia pero sí la respuesta que los adultos damos. Una convivencia de 24 horas al día da para mucho. Bueno y menos bueno.
  7. INTERCAMBIO DE LO POSITIVO- Se trata de crear un almohadillado para posibles conflictos. Queremos divertirnos y vamos a decir lo que nos agrada del otro o hacer algo que sabemos que le va a gustar. Buscar lo positivo aunque nos parezca imposible. Algo habrá.
  8. CREAR EXPECTATIVAS POSITIVAS.- Es un gran almohadillado. Se trata de anticipar que vamos a hacer algo divertido y que lo vamos a pasar muy bien. Verás qué comida nos vamos a pegar, verás qué castillo en la arena vamos a hacer, verás que vista desde ese monte, verás cómo vamos a disfrutar de esta excursión. Verás, verás, verás…
  9. SORPRESAS AGRADABLES.- Cada uno de los que estamos aquí nos tenemos que dar una sorpresa agradable. Ponerse todos en un clima de “qué puedo hacer yo por los demás”, “qué puedo hacer para estar contentos”. Empatizar. Son muchas horas de convivencia, a veces con demasiado calor, otras con días más nublados de los esperados, de bullicio, ruido, colas, esperas, atascos, de demasiada humanidad por mucho que estemos de vacaciones.
  10. LA VUELTA.- Hablar de todo lo que ha funcionado, de lo que ha ido bien, en la conversación de vuelta a casa y si ha habido un conflicto (“Paco la empezó a liar…”) ver cómo hemos sido capaces de resolverlo y rebajarlo a la categoría de anécdota (si se puede). Aprender que si se ha resuelto un conflicto, otros también podrán resolverse.

Fuente: El mundo 

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